Pesadillas y terrores nocturnos en los niños

niña soñando
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Ayer fue la tercera noche seguida que mi peque de 3 años se despertó llorando y con miedo a dormir solo. Se despertó aterrorizado, sudando y diciéndome que tenía mucho “susto”. Así que, como os podéis imaginar, me quedé con él en la habitación hasta que se volvió a dormir. Una vez me aseguré que estaba dormido me marché de su habitación, y a la media hora, aproximadamente, volvió a despertarse, negándose a dormir solo en su cama así que…, como hace conmigo lo que quiere, me lo acabé llevando a mi cama y hemos dormido juntitos esta noche.

El episodio anterior es un claro ejemplo de pesadillas en los niños. Según los expertos, estas pesadillas producen a los niños que las sufren un miedo intenso y provocan que se despierten agitados y aterrorizados. Son sueños que no se corresponden a situaciones reales, aunque pueden estar relacionados con alguna experiencia que hayan tenido a lo largo del día que les haya impresionado o traumatizado, miedo a separarse de los padres (en el caso de niños más pequeños), miedo a la oscuridad o a algún animal o a alguna cosa, miedo a algún ser imaginario, etc.

Lo que los psicólogos y pediatras recomiendan en estos casos es, precisamente, lo contrario a lo que hice yo anoche (sin saberlo):

Se recomienda NO hacer:

  • NO meter al niño en vuestra cama, ya que así no le estáis ayudando a vencer el miedo y, además, le estáis dando a entender -de forma equivocada- que en su cama, en realidad, hay algo que temer.
  • NO entrar en la habitación nerviosos o preocupados para no trasladárselo al niño. Hay que transmitirles calma y seguridad.
  • NO entrar encendiendo la luz de la habitación de golpe sino una luz más suave (por ejemplo la del pasillo o del baño de fuera), ello para que el niño no asocie el miedo a la oscuridad y la luz a la tranquilidad.
  • NO hablar con el niño de la pesadilla en ese momento porque es cuando la ha tenido y puede dificultar aún mas que vuelva a dormirse. Lo podéis hablar mejor al día siguiente.

Se recomienda hacer:

  • Como siempre, para todo lo relativo a los niños, seguid siempre la misma rutina antes de ir a dormir. Un baño templado, una cena ligera y un poco de leche antes de dormir, leer un cuento juntos, su peluche favorito, etc. Todo lo que sea necesario para evitar la excitación o la ansiedad del niño antes de acostarle.
  • Cuando tenga una pesadilla, id a calmar al niño cuanto antes, abrazadle y consoladle para que se tranquilice lo antes posible. Yo intento cambiar de tema y hablar de cualquier cosa distinta que le haga gracia al niño para que se le vaya olvidando su angustia.
  • Y, sobretodo, permaneced a su lado hasta que logre volver a dormirse (en su cama).

Diferencias entre las pesadillas y los terrores nocturnos:

niña con miedo
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Los expertos diferencian las pesadillas de los terrores nocturnos. Así, señalan que, mientras que las pesadillas se suelen dar más en las horas profundas del sueño, esto es, en la segunda mitad de la noche, los terrores nocturnos se dan en las horas menos profundas del sueño que se corresponden con la primera mitad de la noche.

Otra diferencia que indican es la forma de despertar del niño: mientras que en el caso de las pesadillas el niño se despierta angustiado y es totalmente consciente de la realidad (incluso se acuerda del mal sueño), en el caso de los terrores nocturnos la reacción del niño es más brusca. Los niños con terrores nocturnos se despiertan de forma muy agitada, gritando como locos, o pataleando fuertemente, y aunque tengan los ojos abiertos, dicen los expertos que no están totalmente despiertos y no son conscientes de lo que pasa.

Por todo ello, en el caso de las pesadillas los niños van a tardar más tiempo en volver a conciliar el sueño y, además, al día siguiente, se van a acordar de todo. Por el contrario, en el caso de los terrores nocturnos, los niños van a tardar mucho menos en volverse a dormir y al día siguiente no se van a acordar de nada.

En el caso de los terrores nocturnos los expertos recomiendan no intervenir para no despertar al niño. Simplemente permaneced a su lado (para evitar que se pueda hacer daño) hasta que veáis que se vuelve a quedar dormido.

Por lo visto, tanto los episodios de pesadillas, como de terrores nocturnos son frecuente en niños a partir de los 2 años (aunque indican que son más frecuentes a partir de los 3) y, salvo que sean excesivamente prolongados, no hay que tratarlos sino que suelen desaparecer poco a poco.